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Cuento de Rocío Reyes, 10x13,5 cm. 2025.
Extraído del Ig de la autora:
"Hice este pequeño fanzine que es un cuento o una historia o un textito o una crónica autobiográfica o no sé, cosas que escribí sobre mi perra y mi otra perra y la vida y la muerte y querer vivir y morirse y querer morirse y vivir y querer vivir y vivir. Acompañar en la vida, acompañar en la muerte, ser, estar y habitar lo mejor que se pueda. Los olores, la percepción y la lealtad.
Las personas humanas tenemos una gran deuda con los perros, que no son como esos animales en cautiverio que podrían ser devueltos a su hábitat natural. A los perros los inventamos personas. Su hábitat son nuestras casas, nuestros sillones, nuestros departamentos chicos que alquilamos porteñxs que jamás tendremos acceso a una casa propia.
No me acuerdo ni cuándo ni con quién pero hablando de la muerte de «las mascotas» (no uso ese término) alguien me dijo algo como ¿quién querría tener las cenizas de su perro muerto? Y me di el lujo de sonreír y contestar yo e incomodar muchísimo a una persona sólo con una sílaba. Una victoria.
No es que alguna vez hubiera planeado guardar una caja con cenizas pero tampoco había planeado que se me muera el perro. Que alguien barriera sus restos me destrozaba. Así que me las quedé y las puse en una especie de altar que, honestamente, ya tenía de antes. Yo volví a rezar cuando estaba internado mi amigo Ariel.
El texto lo empecé en el taller Las Herramientas de la geniala @unadanixa y después lo terminé sola de nuevo y ella le pegó una corregidita.
Lo maquetó @mutumutante en Córdoba a quien debo un especial agradecimiento porque le rompí mucho los huevos.
Se imprimió en Balvanera y lo encuadernamos a mano en Villa Lugano con @marilinki_ en el taller de @laborcuadernos.
Tiene dos ilustraciones y las hice yo, cuando vivía en un departamento en Almagro en la intersección de mis sueños: Río de Janeiro y Perón. "